Y mi piel arde en sus sueños.

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Su cuerpo inmóvil, la curva de sus hombros, su cuello fuerte.
Recorro con dedos suaves su pecho y mi boca bebe su sudor.
Se remueve en su lecho…
Shhh, no te muevas mi cielo, deja que te sienta dormido, un poco más…
Un gruñido de placer me cuenta que me siente.
Y sigo explorando con manos dulces sus caminos hermosos.
Amanece su deseo potente y bello.
Y mi piel arde en sus sueños.

Derramado por Zarem

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Una vez más me pregunto…

Te vuelvo a encontrar y en tu mirada encuentro vacío, me miras sin verme, te toco el hombro y solo sale un gruñido de algo parecido a una boca, que se ha instalado donde antes vivían tus labios.
Cada vez que te veo se me anuda el corazón e intento hacerte volver de ese mundo donde te refugias, quien sabe de que infiernos.
Te llamo por tu nombre, tantas veces pronunciado cuando aún no habias caido, y en tus ojos parece que se enciende una chispa, apenas un segundo, luego se vuelve a cobijar el gris en tus púpilas.
Recuerdo la cantidad de veces que intenté sacarte de tu extraña manera de huir y como nunca me dejaste.
Te cojo de la mano.. ven..
Y una vez más te subo a casa, una vez más te pido que te desnudes mientras te preparo una bañera, una vez más tengo que vigilar para que no te hundas, te doy ropa, que cada vez te está más grande, una vez más noto como vas despejandote mientras compartimos la comida, una vez más intento convencerte para que lo dejes…
Y una vez más te marchas, prometiendo llamarme, prometiendo que nunca más te veré “colgada”, y una vez más.. no te creo.
Sales mirando al suelo, avergonzada de ti, pero sin voluntad de levantarte.
Una vez más lloro de impotencia..
Una vez más me pregunto si te fallé…

Derramado por Zarem

Y se hizo madera.

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Le dejó su corazón, lleno de bosques en flor, de lluvias, lleno de olores a mar, le dejó su corazón sin corazas ni miedos.

Y él lo abrazó, como quien abraza la primavera, como quien acuna las tardes de abril, lo abrazó con el ansía de quien encuentra sin haber buscado.

Y se comieron las ganas, se quemaron con tanta luz, soñando que podía ser, que nada les vencería.

Pero el verano quemaba y llegó el otoño de su olvido.

Y él se hizo madera.

Con un corazón grabado y un siempre en las raíces.

Derramado por Zarem

Y caminaba descalza.

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Le gustaba la mujer que miraba esos ojos desde cerca, esos ojos que tantas veces soñaba, le gustaba esa mujer que no se rendía, la que se sentó en aquella terraza esperando, la mujer que era antes de caer al vacío.

Le gustaba como creía que los imposibles eran una trampa, que era más fuerte la unión de dos almas.

Le gustaba sonreír, su piel erizada, le gustaba ser completa, hablar de esas cosas que nadie más entendía, se gustaba.

No le gustaba la mujer que lloraba, que se rendía, no le gustaba la mujer que dudaba.

Pero tenía que vivir con esa mujer que buscaba la forma de olvidar, esa mujer rota que reía aún con los pedazos al descubierto.

Tenía que aprender a amarla, como si nunca hubiera sido esa mujer que le gustaba.

Cada camino le enseñaba que prefería unas gotas de aquella otra mujer, pero que a veces la renuncia es la única salida.

Y caminaba descalza, tal vez buscando las heridas que le hacían sentirse viva en mitad de esta nada.

Derramado por Zarem

 

Lo intentaba.

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Siempre miraba el camino buscando las huellas de su alma gemela, esa que nunca creyó encontrar y que un día apareció sin avisar.

Pudo cumplir sus sueños durante unas horas.

Con pequeñas cosas cotidianas, comer, pasear, reír, mirarse, tocarse, hablar sin palabras, desear, vivirse, respirarse, poseer el secreto de su planeta, SENTIR.

Pero los sueños no siempre son eternos y le costó aprender a vivir sin luchar por algo imposible, todavía no sabía, a veces se hacía daño a si misma, arañando minutos que ya no eran suyos, intentando alcanzar las estrellas con su luz.

A veces se equivocaba tanto que conseguía lo contrario.

Y maldecía su escasa capacidad para cumplir lo que se había prometido, anteponer su sonrisa a sus propios deseos, anteponer el sueño a las ganas de volver a ser.

Pero las lágrimas le traicionaban unas veces, otras su anhelo por unas migajas, unos resquicios de luz.

Y se equivocaba, se sentía indigna de ese destino que no era capaz siempre de guardar sin manchas ni reproches callados.

Lo intentaba.

Cada día, cada noche, en cada suspiro o pensamiento.

Lo intentaba.

Derramado por Zarem

Eran alas…

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Era alas al viento, bañadas por su luz.

Era estrella errante y camino.

No importaban los abismos, ni los sueños rotos.

Era alas.

Y a pesar de su impotencia, no renegaba de nada..

Ni de sus noches en vela, ni de los golpes contra el muro de la realidad.

Eran alas.

Y amaba.

En su planeta de cuentos de hadas.

En su destino.

Y en su alma.

Derramado por Zarem

 

Confesiones y miedos.

Tal vez a estas alturas de mi cuento debería haber aprendido algunas cosas que protegieran mi corazón, debería haberme convertido en algo menos frágil, menos vulnerable.

Tal vez seguir soñando sea una condena de muerte permanente.

Pero no sé escuchar a mi razón, no sé darme en menos cantidad que todo, ni sé de limites ni mesuras.

Las heridas ya cerradas deberían contarme su historia como advertencia y tan sólo me cuentan que no debo rendirme, que si un día ya no cabe más dolor empezaran a ser cicatrices.

Nunca encontré lo que buscaba, pero al final de este camino encontré la prueba de que soñar no es inútil, que existía, respiraba, entendía mi planeta y era.real.

Pero nada me es entregado fácil, ni nada me preparó para el abismo.

Ahora, frente a mis miedos me pregunto si no seré yo la que no está a la altura de mis sueños, me pregunto si no soy suficiente, si no merezco la luz, si es a oscuras donde debo buscar mi destino.

Y aunque no me he rendido…

Las lágrimas van acechando desnudas y calladas.

Derramado por Zarem