Lucía.

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Lucía pensaba que su vida estaba llena, pensaba que nada le era negado.
Lucía era feliz.
Pasaba sus días entretejiendo besos, hermosa y salvaje, rendida al amor.
Llegaba del trabajo anticipando sonrisas, alegre y despreocupada, hoy regresaba con más tiempo que otros días, jugueteaba en su mente la sorpresa que le daría a su marido, un vino para compartir, una noche prometedora.
Lucía abre la puerta.
Escucha ruidos extraños, risas, placer.
Una lágrima resbala por su mejilla.
Retrocede.
Cierra despacio la puerta.
Y el mundo golpea su pecho.

Le conocía desde hacía unos dos años, se lo presentaron como el perfecto casado, enamorado, sin fisuras, fiel a pesar de su atractivo. Y eso fue para ella, eterna insatisfecha, un imán.
No lo planeo, simplemente lo que empezó como un reto, un juego que no creyó nunca ganar, se convirtió en algo que le tocó el alma, sin quererlo se entregó y él… Él no pudo ni quiso evitarlo.
Ella escuchó esa puerta, cerrada con rabia contenida, ella casi pudo oler las lágrimas de Lucía, pero guardó silencio.
Alba no supo que decir.

Lucía optó por marcharse, hubo ruegos, peticiones de clemencia, promesas, hubo arrepentimiento.
Pero de nada sirvió.
Pasó el tiempo y ella llevaba su herida, como quien se sabe destruida.

Y el destino, o no, hizo que esas dos mujeres se encontraran, una sabía quien era la otra, otra nunca lo sospechó.
Hasta esa tarde de abril, ya juntas, Alba conquistada, creyendo haber descubierto otra clase de amor, creyendo ser musa de esa mujer de mirada triste.
Nunca lo sospechó hasta que el puñal hundido en su pecho le arrebató el último aliento. Escuchando esa voz que ya amaba.
Muere, como yo, que ya estoy muerta.

Derramado por Zarem

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Destinos cumplidos.

Esperaba en la mesa de la esquina, con la cerveza calentándose, los nervios trepando por su espalda, sin acabar de creer que por fin iba a sentir sus brazos, esos brazos que tanto soñaba, cada noche, cada madrugada, cada segundo desde que él le enseñó lo que era volar con las alas desplegadas y sin miedos.

Tal vez si los chicos de la mesa contigua supieran que esperaba la tacharían de loca, una sonrisa cruza sus labios al recordar como la llamaba así y cuánto le gustaba, pero realmente lo que ellos pensaran no le importaba, el mundo hacía ya horas que había desaparecido para ella, desde que sabía que iba a sentirlo cerca.

Miraba la calle sin ver, sumergida en sus pensamientos, cuando unas manos le taparon los ojos, no supo porque su aroma le resultó familiar, como si no fuera la primera vez que lo olía, pero el amor de verdad tiene esos misterios, esa magia que hace posible hasta amar sin ver.

Eres tú.

No pudo pronunciar más que esas dos palabras, eres TÚ.

Él la cogió de los hombros y tiró de ella hacía arriba, girándola a un tiempo para enfrentar sus cuerpos y sus almas.

Y todo se transformo en luz, silencio y vida.

El abrazo fue refugio, un abrazo interminable, largo y corto, suave y firme.

Se separaron lo justo para mirarse a los ojos y para en un lenguaje mudo pedirse un beso, un beso entre sonrisas, un duelo de calor y destino.

Él pidió una cerveza, mientras se comían con los ojos, hubo risas, palabras que peleaban en ese ansía por contarse, por decirse, por atropellar el tiempo y disimular el deseo que arrasaba sus cuerpos.

No acabaron sus bebidas, las pieles reclamaban caricias, intimidad, besos sin testigos y sueños cumplidos.

No quería despertar de ese sueño.

Algún día…

Derramado por Zarem

 

 

Ángeles caídos.

Eran ángeles, aunque no eran conscientes al nacer, simplemente sentían que en el mundo algo estaba descolocado para ellos, una falta, un desasosiego al no ser iguales que el resto de los humanos.

Eran intensos y sutiles, como si las alas que no veían estuvieran encerradas en su pecho.

Y buscaban…

Nacían en parejas, distantes y con miles de muros entre ellos, no siempre se encontraban, algunos pasaban al mundo mortal, ya que las alas iban volviéndose polvo dentro de sus cuerpos y entre ellos los llamaban ángeles caídos.

Ella estaba en un desierto, rodeada de criaturas mortales que desgarraban sus alas, esas que nacieron al encontrar a su par, pero estaba perdida, sin rumbo, vacía, esperando…

Tenía frío, hambre y sueño.

Estaba decidida a dejar que sus alas se convirtieran en polvo, vivir su humanidad, y en su interior sabía que debería sentirse un ángel afortunado.

Abrazaba su cuerpo y en el fondo sonreía, por sus días de vuelo.

Derramado por Zarem

El nirvana.

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Una nota en el suelo.
Caída del bolsillo de un niña de mirada repleta de tristeza.
La recojo con cuidado de que no me tire la espalda, a mi edad se recuerda con melancolía cuando el cuerpo no necesitaba prepararse para movimientos bruscos.
Una letra infantil ha garabateado palabras sueltas:
CULO, TETA, CACA, PIPI, ROMBICOSIDODECAEDRO, SUPERCALIFRAGILISTICOESPIALIDOSO, REBERBEREJO…
Todo enlazado con dibujos de estrellas, sus huellitas manchadas de chocolate por todo el papel, recuerdo que siempre está con un rotulador gastado entre sus manos y concentrada en escribir.
Y rememoro aquella tarde en que pasaba el loco del barrio, ese que siempre grita moviendo las manos espasmódicamente mientras otea el horizonte,iba voceando su patético son: SIPOTE CHUMINERO!!!, la niña triste levantó la vista como si viniera de un mundo donde no existe su miseria y su dolor..
Porque gritas? le preguntó mientras sus pestañas se abrían como mariposas.
Porque me sale del ESCROTO!! ESCUERZO!!
La niña triste esbozó una sonrisa que subió a sus ojos..
Ahora miro el papel y pienso en ese niña que nunca recibe una caricia, en esa niña perdida que sonríe a la locura, pienso en la sinceridad de sus preguntas.
Y me siento abocada a buscarla bajo este cielo escarlata, a buscar la inocencia perdida.
Camino rápido hasta el cartón que le sirve de cobijo, el cartón de la coraza que un día fabricó a base de heridas, busco sensaciones olvidadas en el baúl de mis alas rotas.
Está todavía conmigo.
No han podido matarla.
Muerdo mi rabia hasta que no queda nada.
Y el nirvana de mi vida vuelve a empezar.

Derramado por Zarem

Una simple mortal.

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Cerrando los ojos pronuncio el conjuro lentamente, sabiendo que posiblemente no volvería a ser la misma, que tal vez perdería sus poderes: Mundus elfico versus humanas voland…
Una sacudida hacía atrás le hizo perder el equilibrio, quedo tendida en el duro suelo.
Despierta…
Era su voz… abrio los ojos y vio sus labios a escasos centimetros…
Tengo que contarte una historia…
Soy una elfa, mi magia es poderosa, y he vuelto a ti, porque quiero sentir eso que llamais amor…
Ven…
Sintió sus manos desnudandola, ella intento avisarle de que podría ser peligroso… pero una oleada de calor subio por su cuerpo cuando él tocó su vientre, cuando sintió su lengua en los pezones duros y calientes, y no pudo pronunciar ni una sola palabra, notó como su respiración se agitaba y perdía de vista todo lo que no fuera él…
Notó su labios explorando por rincones de su piel nunca recorridos, besos en sus pies, sus piernas y cuando sintió que llegaba a su parte más intima, el calor recorrió cada centimetro de ella, como una ola que asciende imparable.
La besó mientras entraba en ella muy suavemente, y la sensación fue inimaginable, se sentía débil y a la vez inmortal, sus movimientos eran pausados pero profundos.
Los movimientos fueron in crescendo, podía oir su respiración agitada, y eso sin saber muy bien el motivo la enardecía, aprendió a seguir sus movimientos, mientras se agarraba a su cuerpo como si el mundo fuera a hundirse bajo sus pies, notaba su boca explorandola, sus dedos suaves en la espalda, su piel húmeda pegada a la suya.
Algo tibio parecio llenarla por completo y un fuego redentor recorrió sus venas, un gemido animal escapo entre sus dientes y se sintió una con él, completa y más viva que nunca.
Ahora yacían abrazados, y ella notó que parte de su magia había cambiado de lugar, podía notarlo en él, pero no le importaba… seguiría a su lado aunque tuviera que convertirse en una simple mortal..

Derramado por Zarem

 

Luz.

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LUZ.
Esa es la palabra de hoy, la siente mirando la rendija de su ventana, acuden a su mente todos los lugares donde falta luz, todos los seres de su mundo que necesitan huir de la oscuridad, hoy le espera un día interesante.
Se levanta de su cama en forma de C y camina hacia el baño con forma de B, en su casa, en su mundo, cada cosa tiene justo la estuctura de su primera letra, aunque a veces es dificil emplear por ejemplo un grifo G y resulta mareante andar por caminos C enlazados y formando una curva interminable.
Se lava la carita, esa carita siempre sonriente, aunque no le gusta el agua, su madre le riñe para que se bañe, le dice que como duendecilla de las palabras debe ir siempre limpia, con las orejas relucientes y la nariz brillante, pero ella protesta, y patalea, pone excusas, la última vez le conto que si se bañaba se le borraba la palabra del dia y estuvo a punto de creerla pero sus ochos años le jugaron una mala pasada y en el último segundo se le escapó una sonrisa delatadora.
Se viste con calzas verdes y camiseta amarilla, hasta hace poco no le importaba el color ni la forma de su ropa pero últimamente le empieza a cansar el uniforme y aunque hace pocos meses le hubiera parecido increible siente envidia por los vestidos con vuelo y gasas de su amiga Andris,duendecilla de los sueños, esta cansada de sus zapatos de pluma y sus pasadores de letras, le encanta la melena al viento de su amiga, intenta reprimir sus pensamientos porque por experiencia sabe que si los deja volar libres mañana al despertar la palabra con la que tendra que luchar todo el dia sera fea y le pondra triste, así que la siguiente se llenara con esa tristeza y una vez en esa espiral es dificil volver a palabras como la de hoy LUZ, eso le hace sonreír.
Se da cuenta de que es tarde y sale corriendo, si no llega a tiempo no podra darle los buenos dias a Andris ni a Josdar, duendecillo de los juegos, cada día se ven en el claro de los bailes y se dan sus besitos mañaneros, alli en Kandamir los besos se dan con las manos por la mañana, con los pies por la tarde y con las pestañas por la noche.
Llega la primera, es extraño, porque sus amigos suelen ser más puntuales que ella, hay un silencio raro, la palabra MALDAD se enciende en su mente, la ahuyenta recordando que uno de sus poderes es materializar aquello que piensa, respira hondo y anhela escuchar el silbido alegre de Josdar, sus bromas repitiendo palabras horrorosas para provocar que se le queden en la memoria, alguna vez ha tenido que cargar con la palabra “estropajo” durante todo el dia, aunque lo que no sabe su travieso amigo es que a ella le gustan todas las palabras , aunque a veces sea una lata crear una historia a partir de ellas.
(Quereis que continue? )

Derramado por Zarem

Nostalgias y otras lluvias.

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Alejo busca su mar en el fondo de un Martini le parece llevar muchos años pegado al taburete de su antro favorito, esas luces de neón que a cualquiera pueden parecerle frías, a él le dan cobijo.
El garito está decorado con trozos de barco, recuerdos de un crucero por el Caribe al que el dueño, compañero de miles de noches, fue en su veinte cumpleaños, siempre anda contando sus andanzas caribeñas, aunque él ya no le escucha, le parecen las aventuras de un chico cromagnon en la corte del Rey Arturo, así se lo ha dicho mil veces entre risas, aún así sigue contándoselo, solo busca escucharse a si mismo, como tantos otros le buscan a él para descargar sus penas y sus nostalgias.
En estos momentos el camarero anda relatando una aventura increíble sobre unos perros que habían entrado en su apartamento, todo ello con gestos y onomatopeyas, para sembrar la atención entre los clientes.
Alejo solo escucha la lluvia, que se le antojan besos a la tierra y a lo lejos el sonido de unos tacones, tacones que le hacen añorar…

Derramado por Zarem