El puñal.

No era la hora a la que acostumbraba a ir a la biblioteca pero mañana tenía una clase importante y necesitaba con urgencia esa información.
Estaban a punto de cerrar pero confiaba en que los años yendo casi cada día allí le ayudarían a que el bibliotecario hiciera una excepción y le permitiera estar la media hora que necesitaba.
Al llegar allí como se temía vio a Jhon con las llaves en la mano, inicio una carrera..
Jhon! Jhon!
No consiguio hacer llegar su voz y al llegar sin aliento a la puerta hizo el movimiento mecanico de girar el picaporte, lo que no esperaba es que girara, no estaba cerrada… dudo un momento pero luego penso que no hacía ningún daño entrando y ojeando el libro que quería, sería media hora a lo sumo y no creía que nadie lo notara.
Penetro en las estancias, se conocía bien el camino, recordó que la clavija de la luz estaba a la derecha, la accionó y todo cobró vida, le encantaba el olor a papel, el silencio, el ambiente tranquilo de la biblioteca.
Miro el indice de libros: quinto estante pasillo 13.
Si.. aqui estaba, se sentaría en su mesa habitual.
Abrió el libro y un escalofrío incomprensible le recorrió la espalda, dió un respingo y soltó una risita nerviosa, pensó en que era una tontería sentirse así.
Enfocó la mirada, las letras bailaban, vió sorprendido como las letras cambiaban y el texto no era el mismo.
Comenzó a leer las letras nuevas.
“Nunca deberías haber entrado, esta es la hora en que estoy tranquila con mis libros, como comprenderas esto te va a salir caro… nadie debe saber que yo existo… elige como quieres morir”
Se quedo helado, con las manos en el libro, sin atreverse ni siquiera a parpadear… ¿Que broma es esta?
Pero el libro seguía cambiando:
“Puedes morir apuñalado, o tal vez prefieras morir a pistola, decidete, no tengo toda la noche, mi lectura me espera…”
Cerró el libro y comenzó a correr hacia la puerta cuando noto un golpe en la espalda, era otro libro que salió despedido de la estantería más cercana.
A la mañana siguiente Jhon se encontró todo tal como lo había dejado, él no podía darse cuenta de un pequeño detalle: en el quinto estante pasillo 13 un nuevo libro encuadernado en rojo destacaba entre los demás… su titulo: El puñal.

Derramado por Zarem

 

Abrazando el mal.

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Oigo sus pasos, siento miedo, desconcierto y a la vez alivio, cuando abra la puerta una luz leve penetrara en estas cuatro paredes oscuras, un segundo, antes de que me amordaze los ojos, esa luz que duele es como un manantial que me recuerda que no todo es terror y oscuridad…
Gira la llave, chirrían los goznes, un chillido ronco quiere salir de mi boca, intento evitarlo, si grito sentiré el dorso de su mano en mi mejilla, reprimo el sonido de mi garganta.
El olor de su perfume penetra con violencia en mi nariz, y el calor de otro cuerpo cambia el ambiente, se acerca y me coge como siempre del cabello para taparme los ojos con esa tela que huele a él, mezclado con el olor de algo no lavado en mucho tiempo.
Quieta…
Su voz penetrante inunda mis oídos, odio su entonación, su frialdad, odio que sea lo único escuchado durante meses.
Te vas nena, vienen a buscarte, hoy es nuestra última noche juntos, ven… déjame que te posea una última vez…
Y cambian sus gestos, como cada noche, sus manos se vuelven tiernas y cálidas, sus besos no encierran violencia, su piel me abriga del miedo y como cada noche no puedo evitar desear su cuerpo, sus dedos, su manera de abrazarme, lucho contra el deseo impregnado de repugnancia por lo que siento, pero como siempre acabo rendida a sus labios suaves.
Quédate, quédate a mi lado, no te vayas.
El silencio pesa, no puedo creer lo que oigo…
Quédate conmigo…
Y mientras sus manos acarician mi pelo y me quitan la venda, de mi garganta sale el primer sonido en muchos meses… Si.

Derramado por Zarem