En ese alma…

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En el fondo de ese alma cansada, herida, golpeada por destinos enredados, en el fondo seguía creyendo en la magia.

Y era su parte pasión la que le empujaba a sentir.

En el fondo de sus manos le quedaban caricias, caricias con deseo y ternura, caricias enganchadas y libres.

Y escuchaba a sus verbos.

Derramado por Zarem

No se puede dominar…

No se puede dominar.
Ni empequeñecer.
No se puede ocultar.
Ni se puede arrancar.
No se puede vencer.
Ni tampoco olvidar.
Nace dentro.
Brota diáfano.
Y quiero gritarlo.
Susurrarlo.
Repetirlo.
Mil veces, dos mil.
Y no desaparece.
Lo lloro.
Y lo sonrío.
Está en mi sueño.
Y es real.
No le pongo condiciones.
Ni ataduras.
Y no importa si recibo.
O si doy.

Derramado por Zarem

Pócimas y otros humos.

María abrió los ojos al llegarle el tufillo a puré de PATATA que inundaba su habitación, lo que en otras casas significaba un menú normal en la suya presagiaba día de mejunjes, pócimas y todo tipo de remedios extraños que su abuela le obligaba a mezclar a pesar de su sempiterna RESISTENCIA.

Se hizo la dormida, otras veces le había funcionado, pero de repente recordó que había quedado con Alberto para ir a nadar a la nueva PISCINA del pueblo, si quería mantener su AMISTAD debía darse prisa y salir a la calle para ponerle cualquier excusa para que no viera el espectáculo de esa anciana medio loca a la que adoraba, pero que en días como aquel ofrecía una visión casi terrorífica,con su RELIQUIA ancestral en mitad de la cocina y con el traje de hechicera lleno de quemaduras, todo el ambiente en UMBRÍA y plagado de humo pestilente.

Lo peor no era eso, lo peor era el ANHELO de su yaya porque ella fuera su sucesora, la elegida como ella solía decirle, pero ella ansiaba contarle que no deseaba pasar el OTOÑO recogiendo plantas secas ni el INVIERNO encerrada entre humos malolientes, ¡Como decirle lo que para ella sería una INFIDELIDAD de su querida nieta!

Salió por la puerta de atrás, sintiendo la brisa de la LIBERTAD y con la pequeña ESPERANZA de que no la oyera antes de avisar a Alberto de que hoy tenía que quedarse en casa, sólo contaba con unos pocos segundos, ya que aunque nadie creyera en el poder de la bruja… Ella sabía que era real, lo sentía correr por sus venas.

Por supuesto enseguida escucho un susurro justo a su espalda:

María, te estoy esperando.

Derramado por Zarem