Destinos cumplidos.

Esperaba en la mesa de la esquina, con la cerveza calentándose, los nervios trepando por su espalda, sin acabar de creer que por fin iba a sentir sus brazos, esos brazos que tanto soñaba, cada noche, cada madrugada, cada segundo desde que él le enseñó lo que era volar con las alas desplegadas y sin miedos.

Tal vez si los chicos de la mesa contigua supieran que esperaba la tacharían de loca, una sonrisa cruza sus labios al recordar como la llamaba así y cuánto le gustaba, pero realmente lo que ellos pensaran no le importaba, el mundo hacía ya horas que había desaparecido para ella, desde que sabía que iba a sentirlo cerca.

Miraba la calle sin ver, sumergida en sus pensamientos, cuando unas manos le taparon los ojos, no supo porque su aroma le resultó familiar, como si no fuera la primera vez que lo olía, pero el amor de verdad tiene esos misterios, esa magia que hace posible hasta amar sin ver.

Eres tú.

No pudo pronunciar más que esas dos palabras, eres TÚ.

Él la cogió de los hombros y tiró de ella hacía arriba, girándola a un tiempo para enfrentar sus cuerpos y sus almas.

Y todo se transformo en luz, silencio y vida.

El abrazo fue refugio, un abrazo interminable, largo y corto, suave y firme.

Se separaron lo justo para mirarse a los ojos y para en un lenguaje mudo pedirse un beso, un beso entre sonrisas, un duelo de calor y destino.

Él pidió una cerveza, mientras se comían con los ojos, hubo risas, palabras que peleaban en ese ansía por contarse, por decirse, por atropellar el tiempo y disimular el deseo que arrasaba sus cuerpos.

No acabaron sus bebidas, las pieles reclamaban caricias, intimidad, besos sin testigos y sueños cumplidos.

No quería despertar de ese sueño.

Algún día…

Derramado por Zarem

 

 

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Ángeles caídos.

Eran ángeles, aunque no eran conscientes al nacer, simplemente sentían que en el mundo algo estaba descolocado para ellos, una falta, un desasosiego al no ser iguales que el resto de los humanos.

Eran intensos y sutiles, como si las alas que no veían estuvieran encerradas en su pecho.

Y buscaban…

Nacían en parejas, distantes y con miles de muros entre ellos, no siempre se encontraban, algunos pasaban al mundo mortal, ya que las alas iban volviéndose polvo dentro de sus cuerpos y entre ellos los llamaban ángeles caídos.

Ella estaba en un desierto, rodeada de criaturas mortales que desgarraban sus alas, esas que nacieron al encontrar a su par, pero estaba perdida, sin rumbo, vacía, esperando…

Tenía frío, hambre y sueño.

Estaba decidida a dejar que sus alas se convirtieran en polvo, vivir su humanidad, y en su interior sabía que debería sentirse un ángel afortunado.

Abrazaba su cuerpo y en el fondo sonreía, por sus días de vuelo.

Derramado por Zarem

Impotencia.

luces-y-sombras

Navega entre impotencias, escondida en esas lágrimas que fluyen sin contención, sin evitar esa nostalgia ni esos miedos.

Miedo a no llegar hasta su luz, miedo a perder pie, a hundirse en el barro de no soportar la tristeza de otro corazón, unido al suyo.

Deseo de abrir sus alas y emprender el vuelo, despejar su oscuridad, beber su llanto.

Impotencia.

Derramado por Zarem