El hielo de una ausencia.

Su mano aferraba el lápiz CALIBRE 22 con fuerza, sus trazos esta vez no eran tan seguros como solían serlo, pero necesitaba descargar la impotencia de los últimos días y como siempre dibujar le llevaba a un VIAJE fuera de la realidad.

Se trataba del último encargo sobre la saga del DINOSAURIO que no sabía hacer FUEGO, en realidad preferiría dibujar por libre, pero ya llevaba demasiado retraso por culpa de los últimos acontecimientos como para permitirse otra TREGUA en su trabajo.

Tal vez debería tener PACIENCIA y calma, pero las lágrimas caían sobre el dibujo, convirtiendo el amanecer que acababa de crear en CREPÚSCULO, como si una especie de SORTILEGIO se empeñara en transformar toda su luz en oscuridad.

El TESORO de su INTENSIDAD se convertía en basura y pena, era uno de esos momentos en los que desearía ser fría e inerte, un momento de esos en los que desearía no mirar al SUR pasional, ser norte y frío, poder tomarse la vida como una rutina, una sucesión de días sin emociones, un mero trámite sin esencia ni corazón.

El dinosaurio que no sabía fabricar fuego, que metáfora, que ironía.

Ella sabía fabricar, crear y dar fuego.

Pero el frío de una ausencia le llenaba de hielo.

Derramado por Zarem

 

 

Confesiones y miedos.

Tal vez a estas alturas de mi cuento debería haber aprendido algunas cosas que protegieran mi corazón, debería haberme convertido en algo menos frágil, menos vulnerable.

Tal vez seguir soñando sea una condena de muerte permanente.

Pero no sé escuchar a mi razón, no sé darme en menos cantidad que todo, ni sé de limites ni mesuras.

Las heridas ya cerradas deberían contarme su historia como advertencia y tan sólo me cuentan que no debo rendirme, que si un día ya no cabe más dolor empezaran a ser cicatrices.

Nunca encontré lo que buscaba, pero al final de este camino encontré la prueba de que soñar no es inútil, que existía, respiraba, entendía mi planeta y era.real.

Pero nada me es entregado fácil, ni nada me preparó para el abismo.

Ahora, frente a mis miedos me pregunto si no seré yo la que no está a la altura de mis sueños, me pregunto si no soy suficiente, si no merezco la luz, si es a oscuras donde debo buscar mi destino.

Y aunque no me he rendido…

Las lágrimas van acechando desnudas y calladas.

Derramado por Zarem

Peor…

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Lo peor es sentir que no importas.
Lo peor es encontrarse pensando que todo lo que has soñado, todo lo que has sentido se esfuma entre incertidumbres.
Que te dejan sola en la oscuridad.
Lo peor es sentirse rota, sin saber si has fallado o te han fallado.
Sin saber si eres tan imperfecta, tan poca cosa que no mereces amor.
Lo peor es pensar que todo ha sido un espejismo.
Peor que un imposible.
Sentirse abismo.

Derramado por Zarem

Tan amargo.

Es tan duro este suelo en el que me posaste.
Tan amargo.
Y da tanto miedo.
Estoy saturada.
Cualquier cosa me hace sentir perdida, es como si estuviera metida en un laberinto de esos de cristal intentando salir al aire libre y voy dandome golpes sin encontrar nunca la salida.
Tal vez todo en lo que siempre he creído es una farsa, todas esas chorradas de que el amor es lo que importa, de que los sueños pueden cumplirse, todas esas gilipolleces de que vivir con el corazón trae la recompensa de sentirse bien con uno mismo, ahora no me siento bien dentro de mi piel.
Y soy cobarde porque sin tu amor no tengo fuerzas para luchar por lo demás, sé que hay personas que no lo necesitan para vivir, pero no soy de esas, nunca lo he sido.
No necesito amor para que me ayuden a luchar, ni para apoyarme y dejar que hagan las cosas por mi, no es eso, necesito amor porque me hace fuerte para afrontar mi vida.
Es otro tipo de cobardía… lo sé.
Estoy saturada.

Derramado por Zarem

Ruidos.

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Cerrada, envuelta en mis pensamientos, penas y deseos frustrados.
Abrazando mis miedos muy fuerte, para que no invadan este corazón, siempre valiente y arriesgado.
Este corazón que se entrega sin corazas, siempre listo para ser acariciado o herido.
Sola, vacía y triste.
Sin entender el derrumbe de sus sueños.
Con heridas sangrantes, callado y aún palpitando.
Suave y lento.
Tal vez ingenuo e iluso.
Tal vez hay algo en él que no puede ser amado.
O se ha equivocado al creer en destinos y en entregas.
Pero siento frío.
Dolor, soledad y ruidos.

Derramado por Zarem

Y el mundo no se para…

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Que se pare el mundo.
Y no quiso pararse, ni posarse en mis manos.
Que se pare el mundo.
Y no pude remediarlo.
Una boca, un cuerpo, un alma.
Y el mundo girando alejó sus pasos.
Nada para el mundo, mi vida.
Ni siquiera mis ganas.
Ni tu aliento.
Nada pudo evitar que el tiempo pasara.
No se para el mundo
No vuelvo a sentirte cerca.

Derramado por Zarem

El mar.

No sabía donde terminaba el CAMINO, nunca había salido del perímetro de seguridad, esa PARED que delimitaba lo conocido de aquello que sólo unos pocos desterrados habían podido ver, aunque nadie sabía que era, los exiliados nunca regresaban.

No, no era una desterrada, sólo era una vagabunda, acostumbrada a hacer AUTOSTOP en las cunetas de todas las carreteras de la GALAXIA, las de tierra y las de aire.

Nada le ataba a lo establecido, estaba ya en el último planeta de lo permitido y en un momento dado pensó que daba lo mismo, que bien podría buscar esa felicidad que siempre le fue negada en lo prohibido, total ni con ESPÁTULA le quitaba nadie ya la falta de fe en los demás, demasiado DAÑO acumulado.

El último golpe fue duro, todo por arriesgarse a ayudar a un pobre diablo como ella, sin casa ni comida, tenían prohibido ayudarse entre ellos, enseñarse a leer o regalarse cualquier cosa, ella infringió dos leyes a la vez, regalándole un libro a aquel niño rubio, enseñarle las letras y lo que es más grave aún, era un libro APÓCRIFO.

La llevaron a la plaza del sexto planeta, para más IGNOMINIA le hicieron quitarse la capa que tapaba su andrajosa vestimenta y la tuvieron como castigo tres días y tres noches bajo las inclemencias de ese duro invierno, mientras los niños ricos la insultaban despiadados.

Pero no fue eso lo que más dolió, fue ver a su supuesto amigo mirarle con desdén y reírse con los demás, como un FARISEO, cobarde, traidor y sucio tramposo.

Así que allí estaba, caminando sin rumbo, con GANAS de escapar de todo aquello que nada le había dado, sin miedo, porque quien nada tiene, nada teme.

De repente sintió un olor especial, algo nunca olido, era un aroma que viajaba por el aire, armoniosa, salada, pura.

Sus pies tocaron arena suave, que se deslizaba entre sus dedos.

Encontró el MAR.

Y nunca más se sintió sola, sus olas le acariciaban.

Derramado por Zarem