Destinos.

Caminaba inquieto, las calles estrechas del barrio de AZOQUE parecían engullir sus pasos, con ese aire SINIESTRO que adquirían a esas horas en las que el sol empezaba a esconderse.

Apretaba el paso, nervioso, sin percatarse siquiera de que sus zapatos habían recogido un ZURULLO de algún perro vagabundo, tropezaba con la multitud de baches de las calles, evidentemente hacía lustros que allí no se celebraba ninguna SEXTAFERIA, costumbre que se iba perdiendo y que las calles empezaban a notar.

Una mujer salía de un portal, con su mirada de ZORRA acorralada, eso le hizo pensar en el tipo de vida a la que estaban abocados muchos de los residentes de ese barrio, DIÁSPORA de multitud de razas y religiones, refugio de maleantes y pobres almas perdidas.

Pero no le importaba, en esos momentos nada le importaba, ni el DESENCANTO de su vida, esa que le había hecho pensar en que estaba solo en el mundo, que su especie, la de los elegidos, aquellos que guiaban sus pasos por el corazón, aquellos que entregaban cada poro de su piel en pos del amor, estaba acabada.

Y un día la encontró.

Al principio no quería creerlo, pensó que era un espejismo.

Pero la fuerza de la MAGIA arrasó sus dudas y miedos.

Era un ángel, de su especie.

Y no podían evitarse, no querían hacerlo.

Ahora sentía sus alas desplegarse lentamente y el DESEO quemando su garganta.

Número 24, allí le esperaba, notaba el olor a destino.

Entró con paso firme y lo que allí pasó ya es otra historia…

Derramado por Zarem

 

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87 sueños.

Un cartel desvencijado, torcido y descolorido por el TIEMPO, demasiadas noches luciendo con su intermitente neón, demasiadas vibraciones al son de una MÚSICA a tantos decibelios que cada dos por tres los vecinos llamaban a la policía.

Ya no podía leerse apenas el flamante nombre que su caduco dueño ideo en una noche de PASIÓN con su siempre recordada MIREIA, por esa camiseta que llevaba el día que desapareció de su vida, esa camiseta que le dejaba ver el ombligo juguetón.

87 Sueños, así se llamaba el pub, aunque el letrero tan sólo dejaba leer 8 Sueños, como una broma macabra al CORAZÓN de cada sueño rendido en alcohol, como una burla a tanta MIRADA perdida, que había ido dejando los 79 restantes.

Como cada noche, la persiana sube chirriando, a la espera de esos clientes que hace años que pululan mojando su LAMENTO en copas desportilladas y en otras almas rotas y sin ESPERANZA, una noche más en la que la CATARSIS será sólo efímera y traidora.

Porque la vida no perdona ni acalla el SUSURRO de las derrotas,las ausencias y las rendiciones.

Sin ALIENTO ni tierra firme navegan las almas inquietas de la noche, unidas en la SINRAZÓN de un mundo no apto ya para el amor del que lo ha perdido todo.

87 sueños abandonados a la suerte de la nada.

87 muertes del alma.

Derramado por Zarem