Huellas.

Iba dejando huellas, perdones, caricias.

Iba dejando alma y sueños.

Nada temía y sin embargo todas las heridas se derramaron sobre sus alas.

Iba dejando rastro de su ternura, iba dejando fuego y piel.

Nada le ataba y sin embargo amaba sin limites ni miedos en sus pasos.

Iba dejando huellas en caminos que no llegaban a ningún lugar.

Derramado por Zarem

Y sin embargo…

Creo en el amor que tolera, que asume y que entiende.
Creo en la verdad, aunque duela.
En no intentar cambiar lo que amas, porque puedes dejar de amarlo.
Me he equivocado muchas veces, he fallado en mi búsqueda de alguien que me diera el calor que necesita mi alma.
No soy perfecta, nadie lo es.
Pero me doy como soy, sin dobleces ni tretas.
Y no reniego de mis errores, ni de mi vida pasada, que ha sido oscura a veces, otras luminosa, pero siempre honesta y sin dobleces.

Derramado por Zarem

Hazme tuya.

Hazme tuya.
Posee cada rincón de mi piel.
Mis ángulos, mis curvas, las rectas y los caminos húmedos.
Clávame tus ganas.
Acaba con mi voz al gritarte.
Termina mis deseos derramados.
Deja que tu sudor empape mis senos.
Agarra mis caderas, sacudelas.
Engancha tus manos a mi melena y guía mi sed.
Cumple tus anhelos en mi cuerpo.
Vacíate en mi.
Muere en mis piernas.
Bebeme.
Muerde, traga, besa, come y mírame.
Búscame.
Pierdete en mi.
Sacia tu gula.
Amame.

Derramado por Zarem

El puñal.

No era la hora a la que acostumbraba a ir a la biblioteca pero mañana tenía una clase importante y necesitaba con urgencia esa información.
Estaban a punto de cerrar pero confiaba en que los años yendo casi cada día allí le ayudarían a que el bibliotecario hiciera una excepción y le permitiera estar la media hora que necesitaba.
Al llegar allí como se temía vio a Jhon con las llaves en la mano, inicio una carrera..
Jhon! Jhon!
No consiguio hacer llegar su voz y al llegar sin aliento a la puerta hizo el movimiento mecanico de girar el picaporte, lo que no esperaba es que girara, no estaba cerrada… dudo un momento pero luego penso que no hacía ningún daño entrando y ojeando el libro que quería, sería media hora a lo sumo y no creía que nadie lo notara.
Penetro en las estancias, se conocía bien el camino, recordó que la clavija de la luz estaba a la derecha, la accionó y todo cobró vida, le encantaba el olor a papel, el silencio, el ambiente tranquilo de la biblioteca.
Miro el indice de libros: quinto estante pasillo 13.
Si.. aqui estaba, se sentaría en su mesa habitual.
Abrió el libro y un escalofrío incomprensible le recorrió la espalda, dió un respingo y soltó una risita nerviosa, pensó en que era una tontería sentirse así.
Enfocó la mirada, las letras bailaban, vió sorprendido como las letras cambiaban y el texto no era el mismo.
Comenzó a leer las letras nuevas.
“Nunca deberías haber entrado, esta es la hora en que estoy tranquila con mis libros, como comprenderas esto te va a salir caro… nadie debe saber que yo existo… elige como quieres morir”
Se quedo helado, con las manos en el libro, sin atreverse ni siquiera a parpadear… ¿Que broma es esta?
Pero el libro seguía cambiando:
“Puedes morir apuñalado, o tal vez prefieras morir a pistola, decidete, no tengo toda la noche, mi lectura me espera…”
Cerró el libro y comenzó a correr hacia la puerta cuando noto un golpe en la espalda, era otro libro que salió despedido de la estantería más cercana.
A la mañana siguiente Jhon se encontró todo tal como lo había dejado, él no podía darse cuenta de un pequeño detalle: en el quinto estante pasillo 13 un nuevo libro encuadernado en rojo destacaba entre los demás… su titulo: El puñal.

Derramado por Zarem

 

El león y su corona.

Había una vez una niña que vivía sus sueños, cada noche al cerrar los ojos se adentraba en mundos mágicos, un día tomaba chocolate con la cenicienta, al siguiente se encontraba árboles que hablaban o flores que entonaban dulces canciones.
Cada noche era una fiesta para ella, deseaba encontrarse con ese mundo en el que todo era posible, aunque nadie la creía cuando contaba que era real, que podía tocarlos, podía adentrarse en las historias que soñaba…
Una noche soño con un león, que había perdido su corona de rey de la selva, estaba muy triste y sólo contaba con la ayuda de un unicornio que no encontraba su magia.
Al adentrarse en el bosque los dos salieron a su encuentro, Isalena que así se llamaba, al principio tuvo miedo, tan grandes eran, pero al mirar sus ojos tristes, deseo saber porque parecían a punto de llorar…
El león Yorus le relato que un lobo había entrado en su cueva y le había robado su corona, en manos de ese ser malvado todo había empezado a cambiar en Fantras, las luciernagas ya no daban luz, los árboles perdían sus hojas, las hadas veían que su polvo mágico se convertía en simple arena…
Los unicornios como Devian no encontraban su magia y el equilibrio estaba a punto de romperse.. cuando eso sucediera, desaparecería la magia del mundo.
Isalena no pudo evitar derramar lágrimas de pena, mientras pensaba como ayudarles… tal vez si ella hablara con el lobo…
Yorus y Devian no querían ni oir hablar de ello, era tan peligroso que temían por la niña.
Pero ella era muy valiente y no podía consentir que el lobo terminara con la belleza de ese mundo.
Camino hasta la guarida del lobo y al llegar a su puerta le llamo con voz temblorosa:
– Rapan.. sal un momento… quiero hablar contigo.
– ¿Quien eres tú niña insolente?
– Soy Isalena, ¿Un lobo tan grande como tú no tendra miedo de una niña?
Rapan salio erguido y orgulloso, pensando en que no le costaría nada matar de un zarpazo a ese insignificante ser…
– ¿Como osas molestarme?
Isalena temblaba, pero había tenido una idea y de que saliera bien dependían tantas cosas que respiro profundamente y mirando al ser cruel que tenía enfrente, hablo con voz clara.
– Me han dicho que has sido capaz de robarle la corona a ese león cobarde, aunque yo no acabo de creermelo… imagino que seran habladurias…
La vanidad del lobo era tan grande como ella imaginaba y sin pensarlo Rapan entro en su cueva y salio con ella en la mano, olvidando que la corona cuando era bañada por el sol, irradiaba una luz que impregnaba de magia todo aquello que tocara, las hadas que habian sido avisadas por la niña revolotearon alrededor y recobraron toda su fuerza…
Con un hechizo conjunto crearon unas cuerdas irrompibles que dejaron al lobo atado e indefenso.
Isalena devolvio la corona a Yorus y la bondad volvio a Fantras…
Devian mirandola le dijo…
Gracias por recordarnos que la maldad suele estar acompañada de orgullo y vanidad, así como la bondad se nutre de generosidad.

 Derramado por Zarem

Podía…

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Podía cerrar los ojos, con mentiras.

Podía pensar en excusas.

Cerrar la cremallera del dolor.

Podía hacerle un nudo al corazón y quedarse parada en un sueño que no era sueño.

O podía abrirse al destino.

A sus alas nuevas, a las ganas ciegas de sentir.

A vivir.

(Gracias por la imagen Quique)

Derramado por Zarem

Niña perdida.

No sabe como eran sus ojos, intenta recordar, sentir de nuevo la sensación de sus pies metidos en un charco, rememorar como la arena se deslizaba entre sus dedos en aquella playa blanca y suave, normalmente está callada, el silencio duele menos que la elocuencia que a ratos le visita, haciendo resurgir a aquella que fue un día, vivaracha, inquieta, con esa mirada viva que ahora no recuerda como era.
Se pone delante de la mesa camilla, mete las piernas debajo del faldón, inconscientemente le hace sentirse protegida del resto de la humanidad, no quiere sentir el terror de sentirse extraña, entre preguntas que casi no llega a comprender, a veces se le olvidan las palabras, a veces se le olvida respirar y en el último momento, el aire entra en sus pulmones, sin ella esperarlo, sin que suponga diferencia alguna.
Es día de visita, esa palabra ronda sus pensamientos, no sabe bien que significa, su amnesia, esa que le protege de lo vivido, no le protege de la angustia de no saber, de la sensación de que alguien la espera y ella no sabe donde ni cuando, pero sabe que debe ir, debe levantarse y recordar.
Una colina, un beso, una mentira, un golpe, un adiós, una lágrima, unas manos pequeñas que se alejan, una certeza que es duda, solo unos ojos que si recuerda, negros, grandes, infantiles… amados.
No quiere empatía, no quiere compasión ni frases que no puede comprender, solo quiere recuperar esas manos, esos ojos que si recuerda… su niña perdida.

Derramado por Zarem