Plagio.

Hay alguien que ha publicado algo mio como si fuera suyo en el blog enfemenino.

Me sorprende que la gente tenga la caradura y la poca ética de adjudicarse algo que no ha salido de su mente ni de su corazón.

Tal vez os parezca tonto molestarme por eso, pero cuando escribo dejo siempre parte de mi en ello e igual que no me apropio de nada que no sea mio, no me gusta que lo hagan conmigo.

Aquí está lo plagiado:

Soy un beso, todos estaréis pensando en que es algo maravilloso ser un beso.
No.
A veces es duro ser beso, un beso como yo.
No soy un beso cualquiera, de esos que dejan alas en el corazón, que se repiten tantas veces como quieras, que están siempre a flor de labios, caliente, dulce y tierno.
Soy un beso que no puede darse.
Ese que se queda quieto, en espera, ese beso que anhela una piel que no alcanza.
A veces soy feliz, en esos momentos preciados en que puedo entregarme.
Me vuelvo mejor que otros besos, más luminoso, más único y mágico.
Pero es efímera mi locura.
Vuelvo a encerrarme en su boca, me quedo quieto, y sé que duelo.

Derramado por Zarem

Miel y fuego.

Hecha de miel y fuego.
Me asomo a mi vida y pienso en mis errores, en mi torpeza, mi imbecilidad.
¿Desde cuando, si enciendes el fuego primero, se puede ver la miel?
¿Cuántas veces me sentiré decepcionada de mi?
¿Cuántas más?
No soy piedra, soy arcilla que se deshace.
¿Por qué ese empeño en aparentar que soy más pasión que ternura?
¿Quién verá en mi todo lo que soy?
Miel y fuego.
Carne y alma.

Derramado por Zarem

Borrando soledades.

Pintemos de blanco las paredes que construyen nuestras vidas, borrando las soledades, los impulsos ciegos.
Pasemos la brocha y olvidemos los errores y aciertos.
Yo también tengo caminos torcidos, también busqué donde no hallé.
Y al final del camino… la pared en blanco.
Quiero llenarla de lineas rectas, de trazos limpios, de ventanas abiertas.

Derramado por Zarem

Tanto…

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Tantas vendas, tantos sueños rotos, tantas corazas desarmadas,

Tanto llanto, tantas horas vacías, tantas mentiras.

Y ella sigue soñando y viviendo, con la espada de la ternura en alto, soñando en azules, con sus alas listas y rendidas.

Tantos golpes, tantas ausencias, tantas derrotas.

Tanta pena.

Derramado por Zarem

 

De lejos…

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De lejos parece una rosa carmesí, unos labios carnosos, una fresa madura, un rojo carmín.
Y de cerca es sólo mi corazón.
Ese que no sabe tejerse una capa fría y dura para esta marea de mentiras y sueños rotos.
El que salta de mi pecho y se exhibe orgulloso de sus heridas, buscando el vinagre que las haga doler.
Mi ingenuo y rojo corazón, repleto de sangre y muerte, de vida y sal.
Que no se rinde ni se apaga.
Ni se muere aunque lo maten.
Que me acompaña incansable y fuerte, terco y sediento.
Con las alas gastadas de golpes y vuelos torcidos.
Que me hace vivir, a latidos cansados.
De tanto darse.
De tanto armarse de valor.
Para seguir hasta romperse.
Una vez más.

Derramado por Zarem

Paseo de muerte.

humeante

Doblo la esquina de la calle mayor, cualquiera que me observe solo vera una mujer guapa, vestida con elegancia, caminando bajo un día soleado, con calma, la mirada distraida de quien no tiene un rumbo premeditado, con ese aire forastero del que todos nos impregnamos cuando visitamos un lugar que no es el nuestro.
Nadie sabe que bajo mi sujetador se esconde un colt 45, recien abrillantado, lo noto frio y suave en mi piel, me hace sentir segura, invencible, como si un angel vengador me protegiera de la cualquier confabulación.
Me interno en una calle llena de gente, unos rien, otros corren, la vida esta en cada rincón, los escaparates lucen en todo su esplendor, miro a ambos lados de la calle, el nº 7, ya lo he localizado, dirijo mis pasos hacía allí, sin apresurarme, nadie debe sospechar que esa mujer alta y distinguida tiene otra intención que no sea un día de compras o visitar a un amigo.
Ya he llegado, debo reprimir la tentación de mirar a ambos lados, todo debe parecer casual, rutinario, sin interes para cualquiera que pueda encontrarme con su mirada.
Subo las escaleras, los tacones repiquetean alegres, soy una mujer elegante, subiendo a un piso cualquiera, una tarde cualquiera.
Llamo al timbre, suena la música de los pajaritos, no puedo evitar una cara de desden, nunca tuvo buen gusto, creí que sus años en Paris le habrían cambiado.
Abren la puerta, es él, coge mi mano, la besa y pronuncia las palabras que estaba esperando, ya no queda intriga, ya no necesito disparar ese arma que ahora quema en mi piel, no hay muerte ejemplarizante, porque no puedo matarle, pensé que podría, pero su sonrisa me desarma, la mafia tendra que encontrarnos, no mataré al hombre que amaba. que amo.
Las lágrimas resbalan por mi rostro…

Derramado por Zarem