Su mar.

Cry_a_bitterly_sea_____UPDATET_by_Juin_Soleil

Echa un último vistazo a la estancia, vendas desparramadas, la camilla ahora ocupada por el desfibrilador, la mesa revuelta de expedientes de una noche de tantas en urgencias y ese olor a tristeza y esperanza que impregna su vida desde que dejó su lujosa consulta en el centro para batallar con el dolor inmediato, el que no avisa ni entiende de clases ni dinero.
Cierra la puerta y se encamina despacio hacía la calle, hacía esa otra parte de su vida en la que ya no es médico, esa en la que se siente mujer.
Un cielo anaranjado le ciega, pero opta por no esconder sus ojos a la luz, va pensando en la estrella solitaria que adornaba ese mismo cielo la noche anterior, una más, una menos para encontrar su futuro, incierto, negro a veces pero impregnado de una libertad impensable hace unos meses para ella.
No va a su pequeño apartamento, los platos sucios, las sábanas frías pueden esperar, nadie le espera , aún no, la ternura está en suspenso en sus días, está lejos y no se compone de caricias ni besos, tan sólo de palabras, de voz, de una promesa de amor, de magia y de espera.
Busca el mar, en su ciudad no existe pero hay un rincón en el que lo siente, un bar casi vacío a estas horas, donde cada mañana toma su café antes de ir a casa, en una mesa con manteles de red, mirando unos cuadros de paisajes marinos impregnados de la nostalgia de miles de miradas, allí sueña con mirar las mismas playas que él, casi puede oler y escuchar las olas que les esperan, casi siempre una lágrima solitaria resbala por su rostro antes de encaminar sus pasos hacía otro día más, manchado de distancia.

Derramado por Zarem

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Su máscara.

Tira la máscara y el látigo en la silla de al lado, se mira en el espejo, las ojeras cada día  más marcadas, el antifaz negro no sólo tapa sus facciones, también tapa su ser, hastiada, cansada, derrotada, así se siente cada noche cuando se quita el disfraz y se toma esa última copa, contando mentalmente el dinero de la cajita de flores, escondida entre tarros de azúcar y sal, en su diminuto apartamento, deprimente, como su vida.

Hoy es uno de esos días en que piensa si merece la pena, siente el dolor en el pezón por ese piercing roñoso, que se puso cuando era una niña alocada, cuando creía que lo más grande era la cara de sorpresa de su madre al verlo, los gritos, los golpes, eso no lo esperaba, jamás le había puesto una mano encima, aquella tarde pudo leer la amargura en el rostro marcado por la mano de su padre y por primera vez no lloraba, arremetía contra ella, repitiendo que se fuera, que se fuera…

La incomprensión la acompaña desde aquel día, que vio llegar la noche caminando por calles llenas de gente bulliciosa, era sábado, las risas hacían eco en su pecho y no pudo llorar, se limitaba a poner un pie detrás de otro, sin rumbo, sin entender la destrucción de su mundo, culpándose y matando su ego con cada paso incierto, preguntándose cuántas mentiras le habían contado en aquellas interminables clases de religión, cuántas verdades buscaba en sus libros de vampiros…

Porque desde aquella noche, prefería creer en el mal, mientras enseñaba su cuerpo para subsistir, mientras restallaba su látigo bajo miradas lascivas.
Desde entonces la máscara evitaba su llanto, escondido, allí donde nadie pueda alcanzarlo.0Chica del antifaz copia

Derramado por Zarem

AMOR

Una cama, unas manos, unos ojos, dos almas en una.

Sentir el amor como algo tangible, que se toca, algo tan grande que paraliza los latidos y los une, un solo corazón, una sola piel, un solo camino.

Mirar unos ojos y decir te quiero mientras los cuerpos hablan de sentimientos, sin prisa, con la calma de la verdad.

Contigo dentro, con tu piel confundida con la mía, con tus palabras dulces, tus suspiros y los míos enredados.

Quiero volver a tus brazos, allí donde nada importa que no sea sentirnos…

Derramado por Zarem

Vivía…

Vivía en una burbuja que construyó después de la última herida, la llenó de cemento e indiferencia, creyéndose a salvo de nuevas pasiones.

Vivía entre recuerdos olvidados, haciéndose un nudo, decidida a no desatar el corazón, decidida a no sentir ni frío ni calor.

Vivía con miedo a volver a querer, con miedo a la sangre derramada y a las historias de cama abandonada.

Vivía y se pensaba a salvo.

Y nada era verdad.

Entre palabras y risas encontró sin buscar, entre sus alas nació una ilusión y la burbuja no servía para parar este amor, el de verdad, el que nunca pensaba encontrar.

Ahora su corazón está volando, más alto que nunca, más lejos, más dulce, más lleno…

Derramado por Zarem

 

Me acerco a ti…

Me acerco a tu boca, me acerco a tus labios y la emoción desciende por mi pecho, se agarra a mis entrañas y me hace gritar y soñar alto.

Me acerco a tus ojos, me acerco a tus pasos y el amor inunda mi mente, desborda mi alma y me hace susurrar y volar lejos.

Me acerco a ti, a mi destino, a mi alegría, a mi refugio.

Derramado por Zarem

 

Amor.

Amor recorriendo mi espina dorsal, inundando mis sentidos, sin treguas ni barreras, formando parte de mis venas.

Se cuela por mis huesos, imparable, acunando mis sueños más secretos, que anidan en sus besos, en sus palabras, sus gestos, en su forma de amar.

Amor destino, amor completo, amor sincero.

Y me siento luz, pasión, desbordante vida.

Y me siento princesa de un cuento infinito, que se cuenta en versos.

Derramado por Zarem

Libros.

Se mira al espejo buscando aquel rostro joven, el que sonreía con la altanería de quien se cree invencible, busca esos ojos que desafiaban a la vida, que miraban ansiosos por aprender.

No encuentra ese rostro, encuentra uno diferente, un rostro que ha llorado, ha reido, ha añorado, ha buscado, un rostro que conoce el miedo, la inseguridad, que conoce los suburbios del dolor.

Se desnuda despacio, sin mirarse ya,,notando su cuerpo aún lleno de deseos, de esperanza y de sueños, el agua cae sobre la superficie esmaltada de la bañera, espera a que se llene mirando hipnotizada.

Una vez dentro del agua, con un libro en la mano, viaja a otros mundos, sintiendo su piel acariciada por olas artificiales, es su momento, entre las hojas de un libro, con las letras acunando su vida, como cuando su rostro todavía no sabía de derrotas.

Derramado por Zarem